Nuestro mundo está ajetreado y en la confusión nos olvidamos que todos compartimos el mismo espacio. Las familias, las comunidades y los países conviven con el conflicto, la pobreza y la enfermedad.
¿Como podemos ayudar en esto?
Vé más aya de la nacionalidad, la religión o la creencia y recuerda la presencia quieta, silenciosa, donde todas las cosas están unidas.
Ese espacio es el mismo. En las ciudades o en el campo. En la cima de las montañas o en los valles. En el trabajo, el estudio o el juego. En la fortuna o en la adversidad. En la paz o en el conflicto.
De hecho, donde sea que estés tu. Pertenece a todos nosotros.